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1 sept. 2013

R.L.D.

Sin esperar nada, absolutamente nada de nadie, siempre esperé algo de él. Tal vez eran sus ojos los que me incentivaban al pecado del deseo, el deseo de siempre estar pendiente de sus pensamientos y acciones. 



Siempre, casi siempre... me consideré alguien normal, dentro del promedio del mismo. Me gustaba ser el centro de atención y sin escuchar las quejas, seguí. Seguí, los años pasaron, mi vida junto a ellos y cada vez me alejaba de aquella pequeña que buscaba siempre ojos sobre ella. El tiempo pasaba frente a mis ojos y cada segundo de vida lo interpretaba como cada paso hacia la muerte. Me había vuelto adolescente.

La gente siempre pasa enfrente a mis ojos, inculcados en sus problemas, sin mirar atrás en el camino pero sí en sus vidas. Lamentando su pasado, gastando su tiempo en el ayer, por eso es que el %90 de la población, según mi juicio, no tiene futuro. Bueno, realmente yo tampoco lo tengo, soy recién una estúpida tratando de generar patologías para seguir llamando la atención pero indirectamente. Aunque odie la atención.
Luego de tratar de evaluar un poco la situación a mis alrededores y dar un giro de 360° vuelvo a mí, vuelvo a lo que siempre odié.

Básicamente siempre odié todo, siempre que puedo encontrarme a mí misma encerrada en mi mente, comiendo a odiarme. A raiz de mi odio por mí, veo que nadie hace absolutamente nada para que esto pare, así que los odio a todos. Siempre fui así, odiaba cuando pequeña a quienes me daban atención, y a los que no, les cavaba una tumba en el destino. Jamás me esforcé por caerle bien a alguien, simplemente era, solía ser yo... la niña que hacía chistes y a raíz de eso sí les caía bien, sino, a tomar por el culo sus pensamientos sobre mi ser.
Luego de odiar todo, y de odiarme a mí misma por no ser como las demás niñas, que a la edad de 13 años ya tienen un novio y más que seguro, ya dieron sus primeros besos, yo me sentía un absoluto fracaso. Pasaron dos años de amores fallidos en frente de mis ojos hasta hoy, cuando me siento igual que hace dos años, pero diferente, porque ya he besado a otros.
Pero dejando de lado los besos y falsos amores... me siento diferente por alguien que encontré.
No sé si es un sentimiento monótono, ese sentimiento de revolución que sentimos al encontrar a alguien por primera vez, aunque sea como... la cuarta vez que encontremos a alguien que nos hace felices.
Tal vez este sentimiento es algo, bastante osado, ya ha cansado... pero no es así. Bueno, realmente no sé como es, es un gran rejunte de sentimientos, es una pelea entre el corazón y la mente y desearía que los dos se destrozaran, así yo poder morir sin tener que interpretar esta mierda que muchos llaman "amor".



Sinceramente no sé que siento, no sé si quiero sentirlo. No sé si me hace bien... porque la mayor parte del día me la paso pensando en si estará con otra, o me pensará al igual que yo. Una de las cosas que más claras me han quedado en la mente, es que teniéndolo sobre y debajo de mi piel, soy la persona más feliz de toda la galaxia. O así lo creo...
Todo su cuerpo me deriva a un sueño. Sus ojos tan oscuros como mi alma, me dicen que me tranquilice, que siempre será mío, que ellos me pertenecen y que solo aprendieron a mirarme a mí, que no podrían existir sin mi ser. Su boca... manantial donde fluye agua para dioses, curvatura que me demuestra el paraíso solamente con una conexión de pieles.












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